Seis de la mañana. Aeropuerto de Madrid, T4. He tenido que pasar dos veces por el control policial porque un botecito de líquido para las lentillas que llevaba en el bolso tenía un tamaño peligrosísimo para subir a un avión. ¿Arma de destrucción masiva?, pienso.
A esas horas inclementes en las que los pasillos del aeropuerto están llenos de ejecutivos con maletín en mano y turistas on line que han conseguido, como yo, un billete barato a través de la Red, uno intenta guardar la compostura y mostrarse lo más lúcido posible, controlar el destemple corporal, la somnolencia perpetua, la duda de si tomarse un café o no, y la necesidad de matar al ayuno… Buenos días Madrid.
Conseguí un billete de oferta a Jerez de la Frontera y eso es una tentación y una excusa para los que nos gustan los olorosos y los finos. Y aún más, la oportunidad se me presentó de perlas porque tenía unas ganas terribles de visitar el restaurante de Ángel León, Aponiente, en el Puerto de Santa María, y probar su último ingenio, los pescados de su mar a la brasa de aceitunas. Su invento lo llevó este año a Madrid Fusión y desde entonces varios chef de Japón y Estados Unidos quieren aplicar esa nueva técnica a sus recetarios. ¡Hay que probarlo!
Y así, mientras me recorría los pasillos kilométricos de la T4 en busca de la puerta K número 86, fantaseaba, a esas horas, con mi llegada a Jerez. Mi primer trago sería en la taberna El Almacén, junto a la Plaza del Arenal, “un Alfonso y unas alcachofas fritas”. Descubrí un día que sólo hay unos vinos capaces de vencer la acritud de las alcachofas y esos son los olorosos… Luego, me iría al Puerto de Santa María y después… a donde el viento empuje.
Todo está en la mente, y del mismo modo que las fantasías eróticas, los delirios gastronómicos (el pollo de Carpanta) abren de par en par el apetito, sobre todo en ayunas. Así, en esa duermevela mecida por la banda sonora del ronroneo estomacal, se me aparece la visión de una fastuosa tienda gourmet llamada Sibarium Delicatessen. Me froto los ojos, afilo el olfato y descubro que ¡Por fin! La oferta comestible y bebestible de aeropuerto se ha humanizado.
Sibarium ocupa un hermoso espacio entre las puertas J y K de la T4. Una tienda repleta de estanterías con productos gourmet y vinos de todas las Denominaciones de Origen del país. Es la única tienda que existe en España. Su idea, la de ser un embajador de los productos delicatessen de España, la han trasladado a otros aeropuertos internacionales de América.
Haciendo el paseillo por la tienda te encuentras, a un lado, una bodega tentadora con referencias de Finca Remelluri, Irache, Luis Alegre, varias referencias de Rueda, algunos Ribera del Duero, como por ejemplo, Teófilo Reyes; clásicos riojanos como Muga; modernos y famosos blancos gallegos; caprichosos como Les Terrases o Usatges (2003) de Álvaro Palacio o, puestos a elegir, un Flor de Pingus, sin ir más lejos. Junto a la bodeguita hay un mostrador con hojas de cata, tanto de vinos como de aceites , y unas detalladas y selectas recomendaciones de la casa.
Si se sigue curioseando encuentras cremas de quesos, como la de Cabrales, patés, preciosos molinillos de sales (de lo más diverso, sofisticado y carísimo), chocolates con firma de autor, dulces tradicionales con guiño delicatessen…
A un extremo, la isla de salvación de los naufragos del amanecer: una barra con una cartita en la que se anuncian un decena de vinos, cavas e incluso sidra por copas, unas cuantas sugerencias de ibéricos y quesos artesanos, y un cartel que anuncia: “escoge de la tienda lo que quieras y desgústalo aquí”. No tiene café. Así que el desayuno en Sibarium es ‘con diamantes’: una copita de cava Marqués de Monistrol y un bocatín de jamón ibérico de Guijuelo, por ejemplo. Casa semana, en la barra hay una producto gourmet que se sugiere como recomendación. En esa ocasión era caviar persa. Me pareció la mejor idea para acompañar a mis burbujas. Me dejé llevar y casi pierdo el avión.
Sibarium Delicatessen
Avenida Hispanidad, s/n
Aeropuerto de Madrid T4
Barajas
Internet: www.areas.es
Precio: desde 4,50 euros.
Artículo publicado Vinum






