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Sara Cucala

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Viajes

Madrid se 'des-tapa'

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El suelo de la taberna solía estar cubierto de cabezas de langostinos. Era lógico. A las 12.00 de la mañana, una mañana de rastro, medio Madrid acudía a aquel ‘bareto’ de lavapiés para tomarse ‘unas cañitas y una de gambas’. Baratísimas, es verdad. Y lo normal era comerte la ración de gambitas, siempre catorce, la trece daba mala suerte, e ir arrojando las cabezas del crustáceo degollado sobre el suelo vetusto de aquel antro. ¡Qué lejos queda esta imagen! Tan lejos que incluso cuando se recuerdan estas postales de tasca de tiempos pasados uno hasta echa de menos su cutrez. Para los que hemos venido de fuera, las voces populares se las arreglaban para vociferar un mito que ha ido cayendo con el tiempo: “A Madrid hay que ir a comer un bocata de calamares”… Sí, tenemos el segundo mejor mercado del mundo –eso también se dice- pero calamares lo que se dice calamares en pan… pues ya no es tan emblemático. (Continúa)

Actualizado ( Martes, 11 de Mayo de 2010 22:24 )
 

COMERSE EL MUNDO: LA PIZZA DE DON PEPPINO

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En una sala donde apenas caben 40 comensales. Con mesas de madera cubiertas de raídos manteles de lino blanco. En un extremo, sentada sobre un banco alto, frente a una sesentera caja registradora se encuentra la mujer de Don Peppino. No recuerdo el nombre. Pero sí soy capaz de describir el perfume de esencia a lilas y rosas rojas que lleva en exceso; e incluso sería capaz de dibujar el patrón de esta dama napolitana: vestida con ceñidas chaquetas, botines de tacón afilado, pantalones prietos, cabello rubio bien cardado simulando ondas plácidas que terminan en un flequillo lacado. No hay nada que se le escape a la señora de Don Peppino. Y mucho menos, nos quita el ojo a las mujeres que nos sentamos en este restaurante-pizzería. (CONTINÚA)

Actualizado ( Martes, 04 de Mayo de 2010 08:17 )
 

Transilvania, entre cielos rojizos e infiernos de sal

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No existen autopistas. Ni carriles dobles de dirección. El asfalto en Transilvania es una irregular alfombra que parece trazada por la temblorosa mano del diablo. En ciertos tramos, cuando uno se acerca a las ciudades más grandes, las caravanas de coches pierden su tiempo entre rugidos toscos de sus motores viejos. A un lado y otro de esa carretera, adolecen al sol hombres y mujeres de sombrero de paja alado apoyando sus cansinos brazos en quiosquitos de madera de los que penden columnas de cebollas rojas sujetas por hilos de anea. Olvidas que el tiempo existe. Y si eso ocurriera, a buen seguro sería un tiempo de otra época. Transilvania, con su leyenda maldita escrita con tinteros de sangre, es la gran sorpresa de la Nueva Europa.

Puede que su belleza radique en su propia historia, en un pasado maldito que la hace canaña; pero vence la Transilvania de hoy, de uvas dulces y naranjas melosas, de escritoras con Premio Nobel (Herta Müller), la Transilvania dotada de un gentío que sonríe –sin dorados gitanos- al nuevo universo de turistas ávidos por hallar los secretos de las nuevas capitales europeas.

La Transilvania del siglo XXI salpica cada mañana aromas a cañas de maíz recién cortadas, gotas de un rocío de tierra virgen y regala hermosas postales de pueblos que trepan por tenues montículos queriendo tocar, por una vez en su vida, el llamado cielo.

La mejor ruta que se podría hacer por Rumanía es la de perderse. La mejor ruta para conocer Transilvania vuelve a ser, de nuevo, perderse, pero más. Ésta que narro ahora es, sin más, una manera de hacer lo dicho, perderse.

Continúa

 

Actualizado ( Domingo, 07 de Febrero de 2010 13:05 )
 

Viaje al fin del mundo

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NORUEGA. Cielo de hielo y tierra de escarcha; vientos gélidos y aguas caramelizadas. Surcando los caminos árticos del norte de Noruega en busca del fin del mundo, si lo hubiere, se experimenta el viaje más helador del norte de Europa.

 

Actualizado ( Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:42 ) Leer más...
 

El hogar de las musas

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La isla de los volcanes. El país de los sueños. El edén budista. El rincón de los aromas.

Es inevitable: el Bali de los 80 no ha sido igual que el de los 90 y mucho menos que el que hoy se presenta al viajero del siglo XXI. Cada viaje a la isla de los dioses cambia sutilmente. ¿Quién quiere un paraíso estático?

Sorprendentemente aprecias en este Bali de la nueva era una base de tradición que sigue siendo lo que enamora, lo que lo hace único. Es única en su perfume: a inciensos, a flores blancas, al humo de los cigarrillos especiados, a pollo a la brasa, a pimienta, a canela… Es única por su sentir: la vida y la muerte se festejan con una sonrisa, con una procesión repleta de manjares y flores camino al templillo de algún dios. Es única por su música, por sus sombras chinescas, por su naturaleza, por sus playas…

(Continúa)

 

 

Actualizado ( Sábado, 12 de Septiembre de 2009 16:58 )
 
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